sábado, 7 de marzo de 2009

Lo que aprendí de los alemanes(relato del sábado)



Me acuerdo de...


Comer salchichas hoy en día se considera comida basura, pero la primera vez que las probé en la feria de octubre era yo una niña. Recuerdo que sabían a embutido ahumado y se servían aderezadas con dos salsas, de mostaza y ketchup. Me gustaban muchísimo– qué diferencia de las lentejas y cocidos de casa–, aunque no creáis que entonces te dejaban las preciosas botellas de plástico rojas y amarillas para que te sirvieras a placer…¡ qué va! El que las dosificaba era un señor vestido con delantal blanco y un gorro alto en forma de cilindro de igual color. Se formaba una larga cola en la que aguardabámos nuestro turno mi hermano y yo. Mientras, las salchichas hervían en un recipiente, los dorados y tiernos bollitos eran taladrados a lo largo en unos tubos metálicos; finalmente, se les introducía la salchicha y se les untaba con las salsas: parecían la bandera española. Yo saboreaba un perrito caliente cada vez que iba al ferial – esto es, dos o como mucho tres en cada feria–; el precio no daba para más.
Después de la degustación, nos quedábamos un ratito más junto al puesto envidiando a los afortunados que se deleitaban con el suyo, y conformándonos con los olores que exhalaba el pebetero. A mí me parecía que esa forma de comer de los alemanes era la entrada en la modernidad; y entonces me imaginaba que los niños allí serían felices comiendo perritos calientes a todas horas.

Alemania… ¡qué poco sabía de este pais! Lo poco que conocía lo había visto en las películas de guerra. Solía acudir al cine con mis padres y mis hermanos a la sesión continua. Recuerdo aquellos militares uniformados de gris, con un águila en la gorra, dando taconazos con unas botas altas y relucientes…que casi siempre estaban de mala leche, y que daban las órdenes gritando. Lo que no me explicaba era cómo hablaban en alemán y a la vez en el idioma de los enemigos; aquello me parecía una tontería. Al final ¡qué alivio! cuando recibíamos a los americanos con un griterío en el que no nos enterábamos de nada, pero que con sólo ver las caras de los soldados, tan jóvenes y tan sonrientes, como si no estuvieran en guerra…, ya nos dábamos por satisfechos.
Ya digo que las salchichas fueron la segunda cosa que conocí de los alemanes.




17 comentarios:

Mercedes dijo...

Hola, Lola:
Qué madrugadora para el Sábado Literario. Muy bien. En cuanto añada la entrada con la propuesta te añado la primerita. Oye, muchas gracias por tu mensaje al móvil.Te hice caso y viví cada momento como si fuera único.
Un abrazo
Merce.

Juan Manuel Rodríguez de Sousa dijo...

Pero esto qué es, yo me pierdo las fiestas sabaderas del sábado, jajaj. Me ha gustado mucho esa especie de nostalgia aderezada con la gracia inocencia de los niños.

Ay, y yo no soy muy amante de las salchichas..xD

Paco dijo...

Las salchichas alemanas son buenísimas. Ellos las hierven lo que les da un sabor menos aceitoso.

A JuanMa no le gustan pero a mi me encantan.
Un recuerdo encantador y "gustoso".

Un beso con ketchup y mostaza

Mari Carmen dijo...

Muy apetitoso tu recuerdo de infancia. A mi me pasaba algo parecido con los pestiños, me encantaban pero, claro, la miel nos chorreaba por todos lados.

Un escrito tierno y muy lindo. Me ha gustado mucho :)

Mercedes dijo...

Acabo de leer tu relato de Sábado Literario. Jo, Lola, me ha parecido genial. Describes esa época perfectamente, yo también recuerdo los panes pinchados en el hierro y el tío que te echaba el tomate; aunque nunca estuve en Alemania.
Enhorabuena por tu relato.

Lola dijo...

Esto de retrotaerse a la infancia me ha hecho sentirme muy jovencita y avivar sensaciones, pero a la vez he tenido un presentimiento de que esa niña no era yo, de que ahora soy otra persona. ¿No os ha pensado esto algunas veces?
Me gustaría hablar con esa niña que comía salchichas.
Gracias por vuestros comentarios.

Lola dijo...

Esto de retrotaerse a la infancia me ha hecho sentirme muy jovencita y avivar sensaciones, pero a la vez he tenido un presentimiento de que esa niña no era yo, de que ahora soy otra persona. ¿No os ha pensado esto algunas veces?
Me gustaría hablar con esa niña que comía salchichas.
Gracias por vuestros comentarios.

Ardilla Roja dijo...

Vego remitida del blog de Mercedes siguiendo a todos los participantes en esta salida bloguera.

Pese a los adornos, este relato tiene un halo de tristeza tremendo. No quiero pensar en lo primero que conociste de los alemanes.

Me has impresionado Lola.
Un abrazo y feliz día

Celia dijo...

Hola Lola. Me encantan las salchichas alemanas.
Y tu relato también. Estamos teniendo un buen sábado literario.
Un abrazo

Teresa Cameselle dijo...

Mmmm me has dejado con ganas de perrito caliente, jaja. Yo también recuerdo de pequeña en las fiestas los primeros puestos que se ponían, una especie de caravanas, donde hacían esos perritos que te ponían a babear de lo bien que olían.
No es mala cosa, para ser la primera que aprendiste de los alemanes.

XoseAntón dijo...

Me quedo con las salchicas, lo que nunca llegué a comprender es por qué les llaman perros calientes. Mala leche tiene el nombrecito, sólo con pensarlo.

Nostalgia y ternura, y por qué no ganas de una salchicha despierta tu relato. Me gustó.

Felisa Moreno dijo...

No me gustan demasiado las salchichas, pero después de leer tu relato le he tomado un poco de cariño.
MUy bueno, Lola y gracias por tu comentario sobre mi libro. Ya puedes imaginar como será la portada del tuyo, espero que tengas más suerte que yo, llevo más de un año esperando para verlo publicado, hace poco llamé y me dijeron que aún estaba en imprenta. Paciencia, que se le va a hacer.

Un beso

El Desván de la Memoria dijo...

Hola, Lola:
Estoy yo ahora también bajo tu Olivo Creativo...
Hay salchichas y salchichas; y, como todo, la calidad marca la diferencia y la masificación crea cierta mala fama. Yo recuerdo las que comía cuando era niño en Mallorca y es un sabor que ya no se encuentra. Ahora me encanta comer las que venden en una tienda alemana cerca de mi casa. Nada que ver con las que venden en los "súper".
Un abrazo,
Ramón

izara dijo...

Hola Lola, vengo paseando por este sabado literario y me ha gustado tu relato, aunque no me gusten las salchichas. Me encanta el nombre de tu blog, es un arbol al que le tengo gran cariño, aunque en mi tierra apenas hay alguno.
Un saludo.

tag dijo...

A mi tambien me gustan las salchichas alemanas, de vez en cuando.
Pero lo que me ha gustado de tu relato es cuando dices que no sabes como podian hablar aleman y al mismo tiempo el idioma del enemigo, ja,ja,ja, a mi me pasaba lo mismo.
Mi no comprender, que risa.

Besos

Carmina dijo...

pues yo tarde mucho en conocer las salchichas y lo unico que sabia de los alemanes, es que mi tio se habia ido alli, y que venia cada cierto tiempo con sus hijos, yo era una peque y mis pequeños tios me llevaban delantera, los veia vestidos tan diferentes a nosotros, y siempre me traian juguetes que aqui ni se intuian.. preciosos recuerdos, por cierto claro que podemos sera amigas...besos

Nancy dijo...

Son las nueve de la mañana del domingo en Guatemala. Además de admiración por tu manera de narrar ese recuerdo... me has despertado un hambre atroz y un deseo de comer un "hot dog". Felicidades