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jueves, 10 de junio de 2010

Reflexiones de Henry Miller


Sexus es el libro de la próxima tertulia literaria, que tengo que presentar.

Sobre el acto de escribir: (Páginas 15-16)

(…) Un hombre escribe para expulsar todo el veneno que ha acumulado a causa de su foma de vida falsa. Trata de recuperar su inocencia, y, sin embargo, lo único que consigue es inocular el mundo con el virus de su desilusión. Ningún hombre pondría palabra alguna por escrito, si tuviera el valor de vivir lo que cree. Su inspiración se desvía en el origen. Si lo que desea crear es un mundo de verdad, belleza y magia, ¿ Porqué aplaza la acción… a no ser que, como otros hombres, lo que desee sea poder, fama, éxito? “Los libros son acciones humanas en la muerte”, dijo Balzac. Y sin embargo, a pesar de haber percibido la verdad, entregó el ángel que lo poseía al demonio.
(…) El auténtico gran escritor no quiere escribir quiere que el mundo sea un lugar en que pueda vivir la vida de la imaginación.
(…) Lo mejor de escribir no es la tarea en sí de colocar palabra tras palabra, ladrillo sobre ladrillo, sino los preliminares, los trabajos preparatorios, que se hacen en silencio, en cualquier circunstancia, en sueños igual que en vela.

domingo, 26 de julio de 2009

Guy de Maupassant visto por Sciammarella

Tercera entrega

...El novelista que transforma la verdad constante, brutal y desagradable, para lograr una aventura excepcional y seductora, debe, sin preocuparse demasiado por la verosimilitud, manejar a su antojo los acontecimientos, prepararlos y arreglarlos para complacer al lector, emocionarle o enternecerle. El plan de su novela no es más que una serie de combinaciones ingeniosas que conducen con habilidad al desenlace. Los incidentes se disponen y dirigen hacia el punto culminante, y el resultado final, que es un acontecimiento capital y decisivo, debe satisfacer todas las curiosidades excitadas al principio, poniendo un limite al interés y acabando de una manera tan completa la historia relatada, que ya no se desee saber qué les ocurrirá en el futuro a los personajes más sobresalientes.

En cambio, el novelista que pretende darnos una imagen exacta de la vida debe evitar cuidadosamente cualquier encadenamiento de hechos que pudiera parecer excepcional. Su finalidad no estriba en contarnos una historia, divertirnos o entristecernos, sino en forzarnos a pensar, a comprender el sentido profundo y oculto de los sucesos. A fuerza de observar y meditar, mira el universo, las cosas, los hechos y los hombres de cierto modo que le es peculiar y que se deriva del conjunto de sus observaciones meditadas. Esta es la visión personal del mundo que intenta comunicarnos reproduciéndola en un libro. Para conmovernos, como le ha conmovido a él mismo el espectáculo de la vida, debe reproducirla ante nuestros ojos con escrupulosa semejanza. Por lo tanto, deberá componer su obra de una matera tan hábil, tan disimulada y en apariencia tan sencilla, que sea imposible adivinar e indicar el plan, descubrir sus intenciones.

En lugar de tramar una aventura y desarrollarla de modo que resulte interesante hasta el desenlace, tomará al personaje en determinado período de sus existencia y lo conducirá, mediante transiciones naturales, hasta el siguiente período. Así dará a conocer cómo se modifican los caracteres bajo la influencia de las circunstancias inmediatas, cómo se desarrollan los sentimientos y las pasiones, cómo se ama, cómo se odia, cómo se combate en todos los medios sociales, cómo luchan los intereses de familia y los intereses políticos.

Por lo tanto, la habilidad de su plan no consistirá en la emoción o el hechizo, en un comienzo atractivo o en una catástrofe emocionante, sino en la hábil agrupación de pequeños hechos constantes, de donde se desprenderá el sentido definitivo de la obra. Si hace caber en trescientas páginas diez años de una vida para demostrarnos cuál ha sido, en medio de todos los seres que la han rodeado, su significación particular y muy característica, deberá saber eliminar, entre los innumerables y menudos hechos cotidianos, todos los que le resulten inútiles, y destacar de una manera especial todos aquellos que pasarían inadvertidos para observadores poco perspicaces y que proporcionan al libro su interés y su valor de conjunto.

sábado, 18 de julio de 2009

Los lectores ante la novela (Continuación)


Guy de Maupassant

...El lector, que únicamente busca en un libro satisfacer la tendencia natural de su espíritu, pide al escritor que responda a su gusto predominante y califica invariablemente como bien escrita la obra o el párrafo que agrada a su imaginación idealista, alegre, picaresca, triste, soñadora o positiva.
En suma, el público está compuesto por numerosos grupos que nos gritan:

«Consuélenme.»
«Distráiganme.»
«Entristézcanme.»
«Enternézcanme.»
«Háganme soñar.»
«Háganme reír.»
«Hagan que me estremezca.»
«Háganme llorar.»
«Háganme pensar.»

Tan sólo algunos espíritus selectos piden al artista: «Escriban algo bello, en la forma que mejor les cuadre, según su temperamento.»
El artista lo intenta y triunfa o fracasa.
El crítico sólo debe apreciar el resultado con arreglo a la naturaleza del esfuerzo; y no le asiste el derecho a preocuparse de las tendencias.
Así pues, tras las escuelas literarias que han querido darnos una visión deformada, sobrehumana, poética, enternecedora, encantadora o soberbia de la vida, vino una escuela realista o naturalista que pretendió indicarnos la verdad, nada más que la verdad y toda la verdad.
Es preciso admitir con el mismo interés esas teorías de arte tan diferentes y juzgar las obras que producen únicamente desde el punto de vista de su valor artístico, aceptando a priori las ideas generales que les han dado vida.
Discutir el derecho que asiste a un escritor para hacer una obra poética o realista es quererle forzar a modificar su temperamento, recusar su originalidad y no permitirle utilizar la visión y la inteligencia que le proporcionó la naturaleza.
Echarle en cara que vea las cosas hermosas o feas, pequeñas o épicas, graciosas o siniestras, es como reprocharle estar configurado de tal o cual manera y no tener una visión que concuerde con la nuestra.
Dejémoslo en libertad para comprender, observar, concebir como guste, mientras sea un artista. Procuremos exaltarnos poéticamente para juzgar a un idealista y demostrémosle que su sueño es mezquino, trivial, no lo bastante extravagante o magnífico. Pero si juzgamos a un naturalista, indiquémosle en qué difiere la verdad de la vida de la verdad de su libro...

jueves, 16 de julio de 2009

¿Sabemos lo que es una novela?




¿Existen reglas para escribir una novela, fuera de las cuales una historia escrita debiera llamarse de otro modo?
Si Don Quijote es una novela, ¿no lo es también El rojo y el negro? Si El Conde de Montecristo es una novela, ¿no lo es también L’assomoir? ¿Puede establecerse una comparación entre Las afinidades colectivas de Goethe, Los tres mosqueteros de Dumas, Madame Bovary de Flaubert, El Señor de Camor de M.O. Feuillet y Germinal de Zola? ¿Cuál de estas obras es una novela? ¿Cuáles son esas famosas reglas? ¿De donde proceden? ¿Quién las ha establecido? ¿En virtud de qué principio, de qué autoridad y de qué razonamientos?
No obstante, parece ser que esos críticos saben de una manera cierta, indudable, lo que constituye una novela y lo que la distingue de otra que no lo es. Esto, sencillamente, significa que sin ser productores están agrupados en una escuela y rechazan, a la manera de los mismos novelistas, todas las obras concebidas y realizadas fuera de su estética.

En cambio, lo que debería hacer un crítico inteligente es buscar aquello que menos se parece a las novelas ya escritas y estimular todo lo posible a los jóvenes para que emprendan nuevos caminos.
Todos los escritores, Victor Hugo igual que Zola, han reclamado con insistencia el derecho absoluto, derecho indiscutible de componer, es decir, de imaginar u observar de acuerdo con su concepto personal del arte. El talento procede de la originalidad que es una manera especial de pensar, de ver, de comprender y de juzgar. Así pues, el crítico que pretende definir la novela según la idea que de ella se ha forjado con arreglo a las novelas que prefiere, y establecer ciertas reglas invariables de composición, luchará siempre contra un temperamento de artista que aporte un nuevo procedimiento. Un crítico totalmente merecedor de este nombre debería ser tan sólo un analista exento de tendencias, de preferencias, de pasiones, etcétera, y apreciar tan sólo, al igual que un perito en pintura, el valor artístico del objeto de arte que se le somete. Su comprensión, abierta a todo, debe absorber hasta tal punto su personalidad, que pueda descubrir y alabar incluso los libros que no le satisfacen como hombre, pero que debe comprender como juez. Pero la mayor parte de los críticos no son, en realidad, más que lectores, y el resultado es que nos censuran casi siempre erróneamente o que nos elogian sin reserva y sin tino.

Del prólogo de la novela "Pedro y Juan" del escritor Guy de Maupassant
(Continuará)

domingo, 28 de junio de 2009

La novela negra de Dashiell Hammett




Dashiell Hammett

Nacimiento 27 de mayo de 1894 en el Condado de St. Mary (Maryland)
Defunción 10 de enero de 1961 Nueva York
Ocupación novelista, escritor
Nacionalidad Estados Unidos
Género Novela negra
Movimientos Generación perdida estadounidense

La Cosecha roja (novela negra)

Sinopsis


Cosecha roja (Red Harvest) es la primera novela del autor estadounidense Dashiell Hammett, publicada por Alfred A. Knopf el 1 de febrero de 1929. La obra está inspirada en una ciudad minera del estado de Montana rebautizada como Personville y llamada despectivamente por el narrador y protagonista, el Agente de la Continental, Poisonville, que significa Ciudad Veneno y que fue el primer título de la obra.
El primer libro de Hammett fue serializado en la revista Black Mask a través de cuatro entregas mensuales. Estilísticamente, con sus frases breves y sus diálogos en los que los personajes intercambian continuos latigazos y con sus impactantes escenas de tiroteos, emboscadas, persecuciones, etcétera, Cosecha roja supuso uno de los primeros ejemplos del encuentro de los relatos de detectives y el lenguaje cinematográfico. Además, Hammett rompe con la tradición del detective que resuelve los casos a través de la lógica y la deducción, tipo Auguste Dupin o Sherlock Holmes, y presenta a un personaje típico de las novelas ‘hardboiled’, un tipo que, aunque posee un extraordinario don de la observación, resuelve los casos pateando las calles en busca de información y que manipula las cosas a su antojo.

Adaptaciones al cine

Aunque Cosecha roja no ha tenido ninguna adaptación cinematográfica fiel, existen tres largometrajes más o menos inspirados en la novela de Dashiell Hammett. La primera lleva como título Mercenario (Yojimbo, 1961) y fue dirigida por Akira Kurosawa. El filme se inspiró en la primera novela de Hammett, si bien esta deuda no queda recogida en los créditos. Tres años después, Sergio Leone realizó Por un puñado de dólares, un remake del filme de Kurosawa, cambiando la ambientación samurai por el western. En los créditos, esta película no consta como un remake de la obra de Kurosawa y, en este caso, los jueces dieron la razón a los guionistas de Yojimbo, Akira Kurosawa y Ryuzo Kikushima ⎯aún cobran el 15% por los derechos de exhibición de Por un puñado de dólares⎯. El director Walter Hill volvió a fijarse en las películas de Akira Kurosawa y Sergio Leone para la realización de El último hombre (Last Man Standing, 1996).

Otro de los libros de Dashiell Hammett convertidos en película fue El halcón maltés (película dirigida en 1941 por John Huston). El diálogo en la película fue frecuentemente incorporado del libro palabra por palabra. También se le pidió editar guiones de películas para Hollywood.
La Asociación Internacional de Escritores Policíacos otorga anualmente el Premio Internacional de Novela Dashiell Hammett durante la Semana Negra de Gijón a la mejor novela policíaca escrita en español.

Obras

* Cosecha roja (Red Harvest): publicada el 1 de febrero de 1929
* La maldición de los Dain (The Dain Curse): 19 de julio de 1929
* El halcón maltés (The Maltese Falcon): 14 de febrero de 1930
* La llave de cristal (The Glass Key): 24 de abril de 1931
* El hombre delgado (The Thin Man): 8 de enero de 1934
* The Big Knockover (una colección de cuentos cortos)



Opiniones

Novela negra, negrísima. De esas que se escriben en primera persona, con un personaje duro y cínico. Con diálogos fluidos e inteligentes, pasas las hojas como un huracán. No es una novela más en las que se resuelve un crimen al estilo de Sherlock Holmes, sino que en ésta se hace un análisis social cuya corrupción incita a actuar al personaje. Hammett nos conduce con mano maestra por derroteros tan imprevisibles como adictivos, lo que provoca en el lector una tremenda curiosidad por conocer lo que se avecina. Los personajes son atractivos, están contruidos huyendo totalmente de maniqueismos pero no de estereotipos, los conocemos bien, debido a que existieron de verdad y esta es literatura puramente realista que toma los personajes de gente que vivió una determinada época. La ironía y el crimen van de la mano en Cosecha roja. Una gran novela aunque la traducción de Fernando Calleja deja mucho que desear.
Si te gusta el género negro, problablemente ya la hayas leído. Si no lo has hecho, léela. No te arrepentirás.

miércoles, 27 de mayo de 2009

Mi reseña del último libro leido



Sinopsis

Eva es autora y editora de guías de viaje para gente tan urbana y feliz como ella. Casada desde hace años con Franklin, un fotógrafo de publicidad, decide, con muchas dudas, cerca de los cuarenta años, tener un hijo. Y el producto de tan indecisa decisión será Kevin. Pero casi desde el comienzo, nada se parece a los mitos familiares de la clase media urbana y feliz. Eva siente que Franklin se ha apoderado de su maternidad, convirtiéndola en el mero contenedor del hijo por nacer. Y Kevin es el típico bebé difícil, que tortura con sus llantos, que no quiere comer. Se convertirá en el terror de las niñeras, en un adolescente terrible, en el antihéroe a quien sólo le interesa la belleza de la maldad. Al llegar la sangrienta, mortífera epifanía de Kevin, dos días antes de cumplir los dieciséis años, el niño es un enigma para su madre.






Relato impresionante sobre la maternidad, las dudas ante ella, los sentimientos contrapuestos y culpables, no aceptados por la sociedad y por ello impronunciables y vividos de forma callada e inculpatoria por la mujer, incluso hoy día, y que explican por qué la novela fue rechazada por tantas editoriales antes de ser publicada. Pero la novela va más allá de estas cuestiones, y se sumerge en la cuestión de la psicopatía, hasta qué punto es genética o educacional, qué grado de responsabilidad tenemos en ella, qué preparación tenemos para ser padres, aunque nuestro nivel de inteligencia sea elevado y estemos plenamente integrados en la sociedad.

El libro te engancha desde las primeras páginas, a pesar de tener más de 600 y estar escrito en forma de cartas, sin respuesta, de Eva, la protagonista, a su marido. Desde luego no es literatura para estómagos delicados; la novela es de una dureza terrible, a veces he tenido que tomarme un respiro para continuar después. Sin embargo me he preguntado muchas veces cómo será la vida de una pareja que tiene la desgracia de traer al mundo a un Kevin, que desde la infancia ya es un malvado y que finalmente se convertirá en un sicópata. Cómo actuar en estos casos y cuantos remordimientos deben sentir esos padres. Además la sociedad ya se encarga de culpabilizarlos de todo lo que hagan. Tremenda responsabilidad la de ser padres. ( Os lo recomiendo).

La autora, Lionel Shriver, nació en 1957, en Carolina del Norte, Estados Unidos. Periodista y escritora. En el año 2005 ganó el Premio Orange por esta novela: Tenemos que hablar de Kevin, una novela que ha suscitado fuertes polémicas y se ha convertido en un best seller internacional que ha consagrado a la autora. Es su única novela traducida al español. En la actualidad reside en Londres.

lunes, 27 de abril de 2009

La Elegancia del Erizo de Muriel Barbery

















Comentarios de Ricardo Hernández Diosdado

Lo mejor de esta novela es el título, si bien quizá hubiera
sido más apropiado éste:
“Divagaciones Filosóficas de una Portera Parisina”.
No es una buena novela en mi opinión, aunque sí es una
novela bien escrita. El estilo de Barbery es depurado y directo,
construye las frases con acierto y la sintaxis es correcta. Ello le da
amenidad al relato, siempre que no entre en disquisiciones
filosóficas, que más parecen divulgaciones para principiantes u
opiniones sarcásticas de una rebelde profesora de filosofía,
puestas en boca de uno de los protagonistas; o, con más
propiedad, en su pluma, ya que se trata de un diario. De dos mejor
dicho, ya que la otra figura central del relato también escribe el
suyo. Lo que no sabemos en desde cuándo. Más bien parece que
empiezan los dos al tiempo: el del comienzo de la novela, porque
ningún diario describe a su autor con detalle cuando ya está
iniciado. En todo caso lo haría al principio.
Pero dejando estas menudencias, vamos a centrarnos en
ambos personajes: esa creación sui generis de la autora. En mi
opinión son dos figuras estomagantes ya desde las primeras líneas
en que se van retratando. La niña bitonga: Paloma –así se llama
en el original francés también es una adolescente–, o pre
adolescente, que se denomina a sí misma como niña prodigio, o
algo parecido, excepcionalmente inteligente, según dice, o
constata por las diferencias que aprecia respecto a sus
compañeras. Pero es una muchacha inadaptada, tal vez en parte
por lo anterior. Solitaria y asocial, resentida con el entorno, en
especial el familiar, y desde luego inadaptada y rebelde más allá
de lo propio de su edad y condición. Reniega de su alto estatus
social y económico, pero lo disfruta, y, en su rebeldía, anuncia el
propósito de suicidarse al cumplir los trece años- ahora tiene doce
y medio- y quemar su casa sin que haya víctimas –ignoramos
cómo, pues se trata de una vivienda de ocho pisos–. Desde luego
este golpe de efecto de la autora no cuela cómo tal, pues
cualquiera adivina al principio que no lo va a llevar a efecto.
La otra protagonista –más importante en el relato y que ya
apareció en la primera novela de la autora: Una Golosina– es la
portera del lujoso edificio de viviendas de la calle Grenelle 7 de
París. Se llama Renée –Renata en español, sin traducir como
Paloma. Es costumbre de los que efectúan las traducciones no
hacerlo con los nombres, y la regla la sigue Isabel González
Gallarza, quien por otra parte tiene el mérito de haber hecho un
trabajo perfecto–. Renée es fea, cincuentona y viuda, y
excepcionalmente preparada, pero una autodidacta sin método
alguno ni orden en sus conocimientos, como ella misma reconoce.
Ha leído todo lo que cayó en sus manos y se ha preocupado de
prepararse además artística y musicalmente. Hace concesiones a
la cultura popular en su aprecio por el rapero Eminem –tal vez a
Barbery le pareció demasiado perfecta su creación y le dio este
tinte subcultural, como hizo con Paloma en su afición por los
mangas o comics japoneses–. Pero en todo caso ese acervo
cultural lo oculta, vergonzantemente, a los inquilinos de la finca
de la que es portera –gran institución francesa y sobre todo
parisina, con notables muestras en la literatura gala. Recuérdese
que la mayor parte de los casos el inspector Maigret, esa genial
creación de Georges Simenon, los resuelve por información de las
porteras–. Renata asegura que lo oculta para estar en su lugar, o
en el lugar que entiende debe ocupar en la mente de aquellos
burgueses enriquecidos, a los que odia y desprecia; da la
impresión que, en gran parte, por no poder estar a su altura social;
pues, cuando tiene ocasión de hacerlo con un parigual
culturalmente que aprecia sus saberes autodidactas, primero duda
por temor a que le ocurriera algo parecido a su hermana –
concesión al folletín o al culebrón de Barbery–, y después se
lanza en persecución de esa elevación social y económica que
adivina en el horizonte. Si lo logra, no tendrá que ocultar más su
formación: podrá medirse de igual a igual con el resto. Los
desprecia, pero quiere igualarse a ellos en su estatus. Sin embargo
la autora acaba con su anhelo y, en unas cuantas páginas, la
elimina. ¿Cobardía o justicia? ¡Cualquiera sabe! Tal vez hubiera
cubierto ya la extensión necesaria y no quería complicarse con
una nueva trama y un final feliz al estilo Cenicienta. O acaso por
esa tradición muy francesa de acabar con los personajes al final de
la novela o de la saga. Algo que se le dio bien a Alejandro Dumas
padre, quien mató, entre otros, a sus mosqueteros y al conde de
Montecristo, pero después de hacerlos disfrutar de mil aventuras y
cuando ya había agotado y exprimido a los personajes. O como
Houellebecq, en la actualidad, con sus “Partículas Elementales”.
O, como fuera del país galo, en Inglaterra, hiciera Conan Doyle
con el tan aprovechado Sherlock Holmes.
El caso es que Barbery se para ahí y no se complica la vida.
Tira por la calle de en medio y acaba con el personaje, que es
capaz de describir en el diario sus últimos momentos. A tal
extremo llegan sus prodigios. Porque no se negará que prodigioso
es todo en ella. Oculta con destreza su valía, en un alarde de
sumisión y de aceptación social de una inferioridad, que también
estima debe ser cultural. ¿Dónde está la tan cacareada
desaparición de las diferencias sociales: esa igualdad de clases de
la revolución gala, esa fraternidad universal? Cierto es esto es más
en el papel que en la realidad, pero yo he conocido muchas
personas cultas, de formación universitaria, trabajando en
menesteres menos considerados socialmente, incluso
infravalorados, a causa de necesidades eventuales o definitivas del
mercado de trabajo –caso de los emigrantes, entre otros–, y nadie
se sentía ofendido por su superioridad cultural, sino al contrario.
Sea o no éste el caso de Renée, lo cierto es que, tanto ella como
Paloma, ocultan su valía cultural. Acaso se pueda entender mejor
en la portera, no tanto en la niña prodigio hija de burgueses
adinerados. En ésta parece más una pose, una rebeldía contra ese
entorno que desprecia y al que tiene el propósito de destruir,
quemándoles la casa y hurtándoles su presencia en el mundo de
los vivos. Aunque la verdad es que ni ella misma se lo cree. Ni
tampoco la autora, quien juega con el lector desde el principio en
ese y en otros muchos aspectos, presentando arquetipos muy poco
creíbles en sus reacciones y en su personalidad.

Para seguir leyendo:
http://sinopsisdelarte.googlepages.com/LaEleganciadelErizo.pdf


Escritora japonesa de la obra
"Estupor y temblores"

domingo, 15 de febrero de 2009

La mujer justa (Sándor Marái)

La mujer justa de Sándor Marái


Biografía

Sándor Márai, 1900-1998, nació en Kassa (hoy Košice en Eslovaquia), una pequeña localidad del antiguo Imperio austro-húngaro. Descendiente de una familia acomodada de origen sajón, su infancia y su pubertad fueron algo conflictivas, ya que se escapó de casa varias veces y por ello fue ingresado en un internado religioso. Posteriormente se instaló en Leipzig para estudiar periodismo, carrera que abandonó. Durante su juventud viajó por Europa, sobre todo por Europa Central, y visitó París, la capital cultural de la época, donde convivió con algunos de los representantes más destacados de las vanguardias estéticas del momento.

Tras decantarse en un principio por escribir en alemán (lengua que dominaba desde pequeño), se decidió finalmente por su lengua materna, el húngaro, y en 1928 se instaló en el pequeño barrio de Krisztinaváros, en Budapest.

Durante la década de 1930 se labró un gran prestigio por la claridad y precisión de su prosa de estilo realista, prestigio que pocos años después era casi comparable al de Thomas Mann o Stefan Zweig. Sus obras se vendían por cientos y se traducían a todos los idiomas cultos.

Si bien alabó con entusiasmo los Acuerdos de Viena, en los que la Alemania nazi obligó a Checoslovaquia y a Rumanía a devolver a Hungría parte de los territorios perdidos por ésta en el Tratado de Trianon, escribió contundentes artículos en contra del nazismo y se declaró "profundamente antifascista", algo poco recomendable en la Hungría del momento. No obstante, su inmensa fama lo tuvo a salvo de represalias de calado.

Su estrella empezó a apagarse con la ocupación soviética de Hungría y con el establecimiento del régimen comunista. Tildado de "burgués" por los comunistas, Márai abandonó definitivamente su país en 1948 y, tras una breve estancia en Italia, emigró a Estados Unidos. La subsiguiente prohibición de su obra en Hungría hizo caer en el olvido a quien en ese momento estaba considerado uno de los escritores más importantes de la literatura centroeuropea. Así, habría que esperar varios decenios, hasta el ocaso del comunismo, para que este escritor fuese redescubierto en su país y en el mundo entero. Márai se quitó la vida en 1989 en San Diego, California, pocos meses antes de la caída del Muro de Berlín.

Aunque Sándor Márai destacó sobre todo por su obra narrativa, también escribió poesía, teatro y ensayo, además de múltiples colaboraciones periodísticas, entre las que se encuentran algunas de las primeras reseñas sobre las obras de Franz Kafka. En sus novelas, escritas originariamente en húngaro y cuidadosamente desarrolladas, Marai analiza la decadencia de la burguesía húngara durante la primera mitad del siglo, en títulos como Divorcio en Buda, El último encuentro o La herencia de Eszter. Además de sus novelas, Marai escribió libros de memorias que retratan las convulsiones sufridas por Hungría durante la primera mitad del siglo XX, como la Primera Guerra Mundial (retratada en Confesiones de un burgués) o las invasiones del ejército nazi, primero, y soviético, después (en ¡Tierra, tierra!). Wikipedia


(Diario El País)
El escritor húngaro Sándor Márai goza en la actualidad de gran éxito en España. Sus novelas El último encuentro, La herencia de Eszter, Divorcio en Buda, El amante de Bolzano y La mujer justa, así como su autobiografía Confesiones de un burgués (todas en Salamandra), cautivan a un publico variado en virtud de algo que las caracteriza: la magia que sólo tiene la "gran literatura". De estructuras similares -extensas conversaciones y largos monólogos-, densas y cuajadas de pensamientos brillantes; teatrales, "psicológicas", de escasa acción y peripecia, y hasta de tono melodramático y sentimental, las novelas de Márai son, con todo ello, absorbentes y difíciles de soltar una vez que nos sumergimos en sus páginas y nos dejamos atrapar por sus meandros. Las palabras de sus personajes cautivan y seducen; tal como debieron de seducir las de su creador -así se atestigua- cuando hablaba en sociedad, pues solían ser pausadas y bien meditadas, incisivas, lúcidas e insoslayables.

La mujer justa (Sinopsis)

Escrita en los años 40, es una mirada restrospectiva, en la que se cuenta una historia de pasión y traición empleando tres monólogos que nos trasladan hacia un triángulo amoroso desde varias perspectivas, con tres personajes: Marika, Peter y Judit, como protagonistas de una fracasada relación sentimental que recala en los aspectos más íntimos y febriles del amor.
Es la frustación amorosa como resultado del sacrificio de la propia identidad.

Estilo

Contada en primera persona, la novela está dividida en tres partes, las dos primeras aparecieron en 1944, y la tercera en 1949. Tres monólogos que nos dan su particular punto de vista de su relación amorosa. La primera esposa, Marika, aparenta ser una mujer simple que intenta representar su papel correctamente hasta que la realidad se hace presente y no puede ignorarla. (Me resultó aburrida) El marido, Peter, un burgués de los que pertenecen a una casta, convencido de su posición en el mundo e incapaz de amar si ha de renunciar a su personalidad. Es la parte donde abundan las reflexiones⎯ muchas incoherentes⎯, y el personaje se va desprendiendo de su “culpa” hasta quedarse en la soledad más completa. Y la criada- segunda esposa, Judit, la que más evoluciona, la que ejerce la venganza del proletariado al cual pertenece y deja arruinado al marido, amante liberada más tarde.
En la tercera parte, Judit narra el horror durante el asedio de la ciudad de Budapest, primero por los nazis y después por los rusos. ( …después del asedio pude ver claro a mi alrededor…las mujeres se vistieron de viejas, iban harapientas y tiznadas, creían que así se librarían de que los rusos las forzaran. El olor de la muerte , ese hedor a animal putrefacto de los sótanos, se había quedado pegado a nuestar ropa y a nuestra piel…en las aceras, en todas partes había bombas sin estallar…Yo caminaba por las calles entre cadaveres, escombros, carros blindados convertidos en chatarra y esqueletos sin alas de aviones de combate Rata…P. 335).
La destrucción de los puentes que cruzaban el Danubio separando las dos ciudades: Pest y Buda, está contada con dolor, al igual que la desilusión y rabia contenida, cuando se vuelven a construir y los turistas los cruzan en sus lujosos coches.( …más tarde, cuando los extranjeros y los húngaros emigrados a América empezaron a venir para visitar la ciudad y rodaban por los puentes con sus lujosos automóviles, sentía una gran tristeza…la indiferencia con la que aquellos extraños miraban nuestros puentes, el desinterés y la tibieza con los que usaban, me provocaba náuseas…p.348)
Aunque son los personajes los que cuentan a un oyente pasivo su historia, sin embargo a mí me ha parecido que detrás está el autor. El narrador es el autor con sus memorias y sus vivencias.
La novela, según mi criterio va mejorando en la segunda parte y se consolida en la tercera. Judit nos desvela el profundo sentimiento de la desesperanza tras la guerra.

Transcribo algunas de las frases y párrafos que me han interesado:

(Marika)
“El burgués tiene que estar toda la vida demostrando quién es. El aristócrata ya ha demostrado quién es en el momento de nacer” .
No es cierto que el sufrimiento nos purifique y nos haga mejores…nos vuelve más lúcidos, fríos e indiferentes.
El amor puede transformarse en una gran egoismo. Hay que amar con humildad y tener mucha fe…Una vez vino a mí una señora que amaba a un hombre, lo amaba tanto que lo mató. No lo mató con un cuchillo sino porque no le daba tregua, lo quería entero para ella. ( en la confesión con el sacerdote)
(Peter)
…En lo que me resta de vida, quiero entregarme a la pasión por la verdad. No voy a tolerar que sigan mintiéndome ni la literatura ni las mujeres; y no permitiré mentirme a mí mismo.
La mayoría de la gente no puede dar ni recibir amor porque es cobarde y orgullosa, porque tiene miedo al fracaso.
No estoy seguro que un hijo pueda resolver las crisis existenciales de un individuo.
Las personas se matan con el amor como a través de una emanación invisible y letal
La mujer quiere gustar a todos los del sexo masculino, para eso se acicala. Esto lo necesita un sistema productivo y un ordenamiento social en el que la mujer se considera a sí misma una mercancía.
Las mujeres no lo entienden. Sólo un hombre es capaz de entender que en la vida existe algo más que felicidad. Tal vez sea ésa la mayor y más irremediable diferencia que separa a hombres y mujeres de todos los tiempos y lugares. Para la mujer, si es una verdadera mujer, sólo hay una patria de verdad: el territorio que ocupa en el mundo el hombre al que ella pertenece. Para el hombre en cambio existe también esa otra patria enorme, eterna, impersonal, trágica, con banderas y fronteras. Con esto no quiero decir que las mujeres no sientan apego por la sociedad en la que han nacido, por el idioma en el que juran, mienten y hacen la compra, por el paisaje en el que han crecido; tampoco quiero decir que ellas no alberguen sentimientos de afecto, abnegación, espíritu de sacrificio y lealtad, quizás a veces incluso heroísmo hacia esa otra patria, la patria de los hombres. Pero, en realidad, una mujer nunca muere por una patria, sino por un hombre. Juana de Arco y todas las demás excepciones son mujeres varoniles… Últimamente abundan cada vez más este último tipo. ¿Sabes?, el patriotismo de las mujeres es mucho más discreto, carece de las contraseñas secretas que tanto gustan a los hombres. Ellas opinan como Goethe, que decía que si la casucha de unos campesinos arde es una verdadera tragedia y, en cambio, si es la patria la que se arruina, normalmente sólo es pura retórica. Ellas vivirán para siempre en esa casucha de campesinos. Por eso la custodian celosamente, le dedican la vida y el trabajo, por ella están dispuestas a cualquier sacrificio. En esa casa hay una cama, una mesa, un hombre, a veces uno o dos niños. Ésa es la verdadera patria de las mujeres.” (pág. 250-251)

¿Hasta qué punto eres el dueño de tu existencia, y cuanto has vendido de tu ser y tu destino a los sentimientos y a los recuerdos?
Y yo añado: las decisiones de la vida entrañan riesgo: Siempre hay que renunciar se elija lo que se elija.
Judit
Nunca hice otra cosa que servirlos…primero en la cocina, y luego en el salón y en la cama.
Nunca somos del todo libres, pues lo que hemos creado también nos ata y nos condiciona un poco.
Para ellos, sus señores, lo más importante era conservar lo que habían creado con su trabajo y sus modales, con toda su existencia…como si tuvieran más de una vida al mismo tiempo, la de sus padres y la de sus hijos…la familia burguesa.
Estaba convencido ( Peter) que la razón era una de las fuerzas que mueven el mundo…y al final tuvo que reconocer que los instintos son más fuertes. ( recordar cómo resurge la ciudad de sus escombros)
Se avecina un mundo en el que todo el que sea bello será sospechoso. Y todo el que tenga talento. Y el que tenga carácter….porque ahora llegan ellos, saldrán de todas partes cientos de millones de ellos. Y estarán por todas partes. Los deformes. Los faltos de talento. Los débiles de carácter. Y arrojarán vitriolo a la belleza, untarán con brea y calumnia el talento, apuñalarán el carácter en el corazón. Ya está aquí…y serán cada vez más. ¡tenga cuidado!. (El escritor P 399)
No me extraña que por eso tuviera que exiliarse
Resumiendo:
A la novela le falta acción y le sobra digresión. Está escrita con un lenguaje lento y un tanto decadente, sin inflexiones. Sus personajes son planos, aburridos, sin tensiones emocionales. Da la impresión de que se resignan a su suerte hasta que las circunstancias les obligan a actuar. Son supervivientes de un pais maltratado por la guerra.
El vocabulario es sencillo; las frases, sin artificios, ni adornos; apropiadas a la decadencia de la burguesía de la época que quiere plasmar.
Quizás otras obras de Marai sean más afortunadas.